Tras su eliminación de la Copa América en la Fase de Grupos, y habiéndose convertido en la comidilla del deporte a nivel internacional, analizamos el fracaso que parece convertirse en costumbre.
El valor de la liga
En México y en el mundo, antes que un formador de deportistas de élite o un mecanismo de cohesión social, el fútbol es un negocio. Importan por supuesto el talento de los jugadores e incluso su origen, pero lo más importante es cuánto generan en ingresos para la gran maquinaria que sostiene cada partido.
En 2017, la Liga MX generaba 555 millones de dólares; para 2024 incrementó a aproximadamente 950 millones de dólares (aunque algunas voces indican que podría alcanzar hasta los 2,253 millones de dólares), manteniéndose en el top de ligas con mayores ingresos de todo el deporte profesional a nivel mundial, considerando a otros deportes como el Fútbol Americano y el Beisbol.
Dinero fácil
Los ingresos de la Liga MX se reflejan también en los salarios de los jugadores; con un promedio de 402 mil dólares anuales, los jugadores mexicanos se ubican en el lugar 12 entre todas las ligas del mundo, estando incluso por encima de las ligas argentinas, estadounidense y canadiense.
Con esos salarios, los jugadores de fútbol profesional en México forman parte de las listas de los más ricos del país.
Ser jugador en México es entonces un asunto mayormente económico: se cosechan verdaderas fortunas con apenas unas decenas de partidos jugados al año, sin importar los resultados que obtengan, lo que evidencia una muy baja exigencia, escasa disciplina y nulos incentivos para cultivar sus habilidades. Ahora, además
Sus ingresos, que en algunos casos ascienden hasta los 10 millones de euros anuales, por supuesto, dependen en buena medida de lo que gastan los aficionados en ellos.
El negocio no es igual en otros países, pero sigue siendo negocio
En países como Argentina, a pesar de la euforia que genera el deporte, el negocio no está sólo al interior del país, sino en exportar jugadores a otras ligas, mayormente europeas, lo que se traduce en beneficios para el jugador, pero también para los clubes locales y para los jóvenes talentos, a quienes se les abre la posibilidad de renovar el ciclo.
Como hemos visto, los jugadores argentinos reciben menores salarios que los mexicanos, pero además existe otro fenómeno: sus cartas cotizan por debajo del valor de los jugadores en México, lo que contribuye a incrementar sus posibilidades de ser exportados, tal y como ocurre con otros países, como Brasil, e incluso Francia e Inglaterra.
No exportamos a Europa, pero sí a Estados Unidos
Los jugadores mexicanos cotizan a sobreprecio, entre otras cosas, resultado de la competencia entre el Club Deportivo Guadalajara y el resto de los equipos de la Liga MX, quienes se ven en la necesidad de “blindar” a sus jugadores con cartas de alto valor que desincentiven el interés de las Chivas. En última instancia, quienes pierden los incentivos para fichar a jugadores mexicanos son los clubes extranjeros pues, si de apostar se trata, resulta mucho mejor apuesta un diamante en bruto sudamericano a un precio considerable, que uno mexicano a sobreprecio.
Sin embargo, sí que hay un negocio para la exportación de jugadores: Estados Unidos.
La adquisición de jugadores mexicanos es altamente rentable para Estados Unidos, puesto que sus compatriotas son grandes consumidores que están deseosos de tener referentes.
De esta forma, los mexicanos no sólo tienen una liga, sino dos ligas dispuestas a pagar muy bien por ellos a fin de que el espectáculo y el negocio no paren, incluso cuando sus resultados no son los deseables (o son desastrosos), lo que genera en los mexicanos el estancamiento en una zona de confort que, como hemos podido ver en repetidas ocasiones, los arroja al fracaso tanto dentro como fuera del país, y lo que explica que, incluso cuando son fichados por lo mejor del fútbol, terminen por volver al país o a Estados Unidos a seguir asegurando altos ingresos con una exigencia sobradamente menor.
No se trata entonces de un problema de talento, sino de confort y, sobre todo, del modelo comercial que se ha creado alrededor del fútbol en México, y que no cambiará mientras el éxito de la liga no esté sostenido en los triunfos y las “alegrías” que le dan a la afición, si no en la cantidad de dinero que esa afición está dispuesta a seguir destinando en ellos aún si no mejoraran nunca sus resultados.






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